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CUADERNO DE BITÁCORA #1

EL ORIGEN DE LAS CIUDADES



Palabras clave: colonización | conquista | trazado en damero | trazado hipodámico | retícula | Torino | Timgad | Casablanca |Michel Écochard | GAMMA | Henri Prost | bidonvilles | Carta de Atenas


Recuerdo cuando instalamos la línea de internet en casa hace muchos años. Si descolgabas el teléfono mientras alguien estaba conectado te golpeaba un ruido distorsionado que no sabías muy bien de dónde venía. Estos días de confinamiento me persigue ese mismo ruido. Enciendo la tele, hay ruido. Abro el periódico, ahí está. Las redes sociales, ensordecedor. La tecnología en sí se ha vuelto un ruido constante.

En uno de estos vídeos diarios que cuelga Iñaki Gabilondo, hace poco hablaba de la necesidad de escapar lejos del mundanal ruido. Quien le iba a decir a Thomas Hardy que el título de su novela encajaría algún día en una reflexión sobre una pandemia. En cualquier caso, no sé si vamos a escapar muy lejos este año. Entre el batiburrillo de palabras que salen del ruido mediático se van repitiendo como en bucle las joyas de la corona: economía y turismo. Vaya dos batacazos nos vamos a dar.

En casa tenemos otra línea de ruidos paralela, de la que saltan constantemente otras dos palabrejas: globalización y colonización. De algún modo, si montamos una suerte de parchís con estas cuatro invitadas tenemos material para hacernos un viaje por, prácticamente, todo el globo.

Cuando veo venir una situación que me desborda intento ir a su raíz y buscar aquellas preguntas que puedan arrojar algo de luz. ¿Cómo empezó todo exactamente? ¿En qué punto empezamos a mezclarnos tanto? ¿Qué llevó a las primeras civilizaciones a extenderse hacia nuevos territorios? Esta sed de conquista no puede ser únicamente por acumular riquezas, aunque el comercio pudo haber sido, y probablemente siga siendo, la puerta de entrada.


Hay algo en el recorrido de Alejandro, en su forma de colonizar a partir de la fusión de culturas, que me hace querer pensar que hay algo más. Tal vez una curiosidad innata por saber qué hay más allá. Una actitud de búsqueda constante, de no querer conformarse con el entorno y la vida que te vienen dados. Pero también un deseo de llevar algo a otros lugares. Peter Frankopan en El corazón del mundo apuntaba que “el comercio abría la puerta por la que la fe entraba”. Si la conquista romana fue una operación basada en el intercambio de mercancías y la mezcla de culturas, las cruzadas de los cristianos extendieron la religión muy a menudo por la fuerza. El manto bajo el que la barbarie se tapaba llevaba el nombre de civilización, con la que los colonos calmaban su conciencia porque, al fin y al cabo, su labor era la de llevar el mundo culto y civilizado a poblaciones salvajes.

¿Dónde está el límite entre la colonización y la conquista? Los dos términos me caen muy grandes todavía. Si intentamos llevarlos a una escala más doméstica, y más urbana, la cosa cambia. ¿Qué diferencia hay entre colonizar un espacio o conquistarlo? Parecería que la primera deja algo más de margen a la fusión de lo existente con lo nuevo, mientras que la segunda desplegaría una especie de tabla rasa. En este sentido, muy por encima podríamos decir que la expansión que se producía fruto de un interés comercial encajaría (más o menos) en la idea de colonización y la expansión religiosa o civilizadora en la de conquista. Pero esta lectura, en el fondo, no deja de ser muy simplista. La gran colonización del siglo XX, con una repartición del territorio africano a golpe de escuadra y cartabón, marcaron otro nivel de conquista que rompía cualquier esquema existente.


Si nos damos un vuelo por algunas de las ciudades de estos episodios, desde el aire podemos intuir cuando algo ha sido colonizado o conquistado. Las antiguas ciudades romanas, por ejemplo, aún conservan restos de las trazas de esa primera división del suelo, sobre las que la historia se ha ido superponiendo, ha ido colonizando y ampliando sus calles. En El malestar de la cultura Freud utiliza el substrato de Roma como una analogía del inconsciente humano. Nada de lo que ha existido en el pasado deja de existir.


Now let us, by a flight of imagination, suppose that Rome is not a human habitation but a psychical entity with a similarly long and copious past — an entity, that is to say, in which nothing that has once come into existence will have passed away and all the earlier phases of development continue to exist alongside the latest one.


Aunque Roma no es el mejor ejemplo para ver el trazado romano, en su vista aérea podemos identificar la evolución de la ciudad dónde las diferentes capas históricas conviven y se solapan. La división del suelo original la intuímos aún en antiguas colonias como la de esa Torino Quadrata, que no sólo conserva el trazado en damero de la época sino que en el siglo XVII, en época barroca, se amplió a partir de una adaptación de las pre existencias que alargó la cuadrícula original.



El trazado en damero, también llamado trazado hipodámico por Hipodamo de Mileto, era una de las herencias de los griegos, cuya colonización por parte de los romanos es un buen ejemplo de esta fusión de culturas y cesión de poderes. La planta de la ciudad de Atenas, por ejemplo, es una aplicación directa de la malla ortogonal, que se va desplazando e inclinando para adaptarse a la complicada topografía. Esta malla se repite en otras ciudades griegas como Corinto, Kalamata o Esparta y ciudades de la antigua Magna Grecia como Siracusa o Empurias.

En la zona norte de África también encontramos ejemplos de planta ortogonal. En la actual Argelia, Trajano mandó construir la ciudad de Timgad, que incluso en su condición actual de ruina conserva aún las huellas del trazado original. De forma muy parecida, en la zona del actual Marruecos, cerca de Fez, se levantó la ciudad de Volubilis, que sigue una suerte parecida a la anterior. Podríamos seguir durante horas.


Los vestigios de la romanización son una de las bases de las que se alimenta nuestra idea de turismo y su forma de distribuir el espacio a partir de una malla ortogonal sentaron las bases sobre las que hoy en día entendemos y recorremos las ciudades.

Irónicamente, siglos más tarde se utilizó esta misma idea de malla reticular para forjar, en los “nuevos” continentes, el modelo de ciudad del futuro que a día de hoy está entrando en crisis por su escala desproporcionada. Ciudades infinitas en su extensión horizontal que crecen a partir de la repetición casi homogénea de la misma retícula: México DF, Bogotá, Lima, Buenos Aires y tantas otras. En el contexto de crisis sanitaria actual, es difícil no poner la mirada en estas macrometrópolis que tantas desigualdades acumulan y preguntarse cómo debe ser el confinamiento o si éste es acaso posible con poblaciones que superan los 8 millones de habitantes. O, lo que es más inquietante, cuántos van a sobrevivir.

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Tomando esta malla como punto de partida, es interesante coger el contintente africano como ejemplo de la influencia de las ideas occidentales en su desarrollo urbano y la posterior desviación del trazado estrictamente reticular. Esta vez la incursión la haremos a través de Marruecos.


Bajo el protectorado francés, la ciudad de Casablanca vio importantes transformaciones a lo largo del siglo XX de la mano de los arquitectos franceses Henri Prost y Michel Écochard, quienes utilizaron la ciudad como campo de experimentación de nuevas ideas urbanísticas. Con el fin de ordenar el caos urbano de los diferentes barrios que habían ido surgiendo fruto de una especulación desordenada, se trazó una estructura radial en anillos - algo muy francés y muy haussmaniano- que absorbía la antigua medina árabe y lanzaba los ejes de una nueva red viaria. Con ésta se buscaba un crecimiento ordenado de la ciudad bajo los principios de la seguridad y el control que ya se habían puesto a prueba en el París de finales de siglo.



Esta red designaba, además, las distintas zonas según sus usos (esa zonificación que tantó gustaba a los racionalistas). La planificación, sin embargo, no contemplaba los sectores más pobres, que empezaron a construir chabolas en aquellos terrenos que el plan urbanístico no había terminado de definir. La solución de los franceses fue construir una ciudad para estos sectores más pobres lejos de la mirada de los europeos. Lo que los occidentales llamaron nouvelle medina pronto pasó a conocerse con el término francés bidonville, una palabra con una melodía muy bonita para venir a decir barrio de chabolas.


El arquitecto y urbanista Michel Écochard fotografió estos bidonvilles desde el aire en el período que trabajó en el plan de ampliación de Casablanca, hacia finales del periodo del protectorado francés. Cuando Écochard y el grupo GAMMA (Groupe d’architectes modernes Marocains) intervinieron, estos asentamientos informales habían crecido tanto que dejaban en evidencia las carencias del plan de Prost, que no había sabido absorber el gran aumento de población que vivió la ciudad a raíz de su nueva condición de principal ciudad portuaria. En resumidas cuentas, los europeos vivían cómodamente dentro de los anillos y la población local se hacinaba en barrios de chabolas con unas condiciones de higiene precarias. Para tener una referencia, en el año 1945 la densidad media de la ciudad era de 128 habitantes por Ha en los barrios para europeos y de más de 1.000 habitantes por Ha en los suburbios dónde habitaban los marroquíes.



Para dar respuesta a la situación de estos barrios, Écochard estableció un método de trabajo basado en encuestas de investigación - lo que llamaría la Enquête- y la adaptación de un trazado en retícula - la Trame. Écochard volvía a Haussman en la reflexión sobre el trazado:


Haussman, buscando la seguridad, crea la circulación. Buscando la circulación, nosotros llegamos a la seguridad. Un punto de partida diferente, pero con un resultado equivalente”.


Sin embargo, cabe apuntar la influencia que tuvo la Carta de Atenas del 33 en la manera de pensar y ordenar el territorio de Écochard, fiel seguidor del trabajo de Le Corbusier.


“La betise se cache bien souvent sous un fatras de connaissances, tandis que si l'on entreprend de régler la ville sur les quatre fonctions de La Charte d'Athenes : Habiter, Travailler, Cultiver Ie corps et l'esprit et Circuler, on pourra avec l’imagination et I’amour qui doivent être a la base de telles études, resoudre les problemes majeurs que posent nos villes nouvelles, aussi bien que l'adaptation de nos anciennes cités a la vie moderne …"


Con la primera se acercó a la realidad social, económica, política y cultural de los bidonvilles, que le llevaría a denunciar el trato injusto que se le había dado a la población local durante el protectorado francés. A nivel práctico, desarrolló la que se conocería como la Trame Écochard, una retícula de 8 x 8 m2 en el barrio de Hai Mohammadi sobre la que organizó una red de viviendas alrededor de patios y callejuelas, un esquema que bebía de la arquitectura vernacular islámica.

Las fotografías de la época muestran el despliegue riguroso de la malla a lo largo del terreno, una visión moderna de lo que en su día podría haber sido el trazado romano.



La formalización de esas unidades de baja densidad es prácticamente irrelevante a efectos prácticos, pues no eran más que una solución temporal. A medida que la población fue creciendo, esas unidades fueron subiendo en altura y sustituyéndose por bloques, siguiendo la previsión que en su día hizo Écochard. Y es que el valor del plan de ampliación no eran las piezas individuales sino la aplicación y consolidación de una malla, de un patrón que sentase las reglas del juego sobre las que la ciudad futura crecería. La imagen de las distintas unidades enfiladas esperando a ser cubiertas es muy sugerente en este caso. Como si de una cimentación en hormigón se tratase, la malla de muros nos sirve como una analogía de las esperas del encofrado, guiando el camino a futuros crecimientos.

Si retomamos el vuelo sobre Casablanca, podemos observar que poco queda de las arquitecturas de esos jóvenes urbanistas europeos de los años 50, que en muchos casos se derribaron para construir nuevas tipologías que se adaptaban al terreno marcado. Sin embargo, aun inmutable a pesar del tiempo, la malla de 8 x 8 sigue vigente hoy en día y es un pieza más del diverso patchwork geométrico que ha ido apareciendo a lo largo de la ciudad. Piezas con formas y alineaciones diversas, ajenas a nuestras costumbres occidentales, conforman ahora no sólo Casablanca sino múltiples ciudades islámicas, lo que me lleva a pensar que, a pesar de la colonización, el mundo árabe ha sabido encontrar un modo en que ambas culturas y tradiciones puedan convivir en la misma dimensión.