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LA CASA PATIO

Evolución de la tipología en el Mediterráneo hasta su llegada a la península ibérica



Palabras clave: patio | megaron | prostas | peristilo | átrio | domus | liwan | riad | Mesopotamia | Priene | Pompeya | Marruecos | Granada | Al-Ándalus | Casa de Zafra | Hipodamo


Hasta no hace mucho las familias de clase trabajadora solían veranear en coche recorriendo los infinitos pueblos que conforman la geografía española. Cuando se describe a los millennials como la generación que ha vivido el paso del mundo analógico al mundo digital pienso en esos veranos calurosos en la parte trasera del coche escuchando en bucle los seis discos que cabían en el portacedés del maletero. La democracia de esa época era más bien una oligarquía y los más pequeños no teníamos ni voz ni voto en la banda sonora del viaje al pueblo. Mi padre lo tenía claro, los viajes al sur se hacían por la costa y escuchando a Serrat. Puede que de ahí naciese este sentimiento de arraigo mediterráneo que siempre me hace volver a mis raíces, esta paz que sólo encuentro en el constante rumor del mar. Probablemente sea también lo que me impide entender la necesidad de levantar fronteras entre nosotros y me lleve a tender puentes donde otros encienden hogueras.


Dejadme que vuelva un poco atrás y recoja algo de cable. Es pronto para hablar de orígenes.


Hace algo más de un año volví a Granada de visita turística, esta vez sin coche y sin Serrat. Recordaba vagamente los patios y las celosías de la Alhambra y algún que otro mirador, pero poco más. Es irrelevante, realmente, pues Granada se deja conocer con facilidad. No quiero hacer un relato de ese viaje, sino aprovechar el emplazamiento para hablar un poco en profundidad de los patios que la caracterizan y su procedencia. Con suerte, llegaré a la casa-patio andalusí.


PRIMERAS MANIFESTACIONES: MESOPOTAMIA, IRÁN E IRAQ


Aunque el origen de la tipología tradicionalmente se atribuya a la arquitectura clásica, las casas-patio ya existían en la antigua Mesopotamia y posteriormente también en el imperio persa. En ambos casos, más adelante definirían las que serían la casa iraquí e iraní tradicionales. Al tratarse de climas cálidos y secos, dónde la diferencia de temperatura es elevada entre el día y la noche, la arquitectura buscaba proteger las casas de la radiación solar y de la circulación del aire caliente. Es por esto que las calles son tan estrechas y los patios profundos y a menudo se cubrían con toldos o telas para dar sombra.

En cuanto a las casas, éstas se organizaban alrededor del patio, la pieza central, y por zonas, lo que facilitaba la segregación de miembros (y géneros) dentro de la unidad familiar. Solían ser volúmenes de formas sencillas y, a diferencia de los tipos clásicos, disponían de ventanas hacia la calle y hacia el patio, lo que facilitaba la ventilación cruzada y la relación con el entorno. Se caracterizaban por el uso de vegetación y elementos de agua que permitían refrescar el ambiente por enfriamiento evaporativo (JM Borrego, 2017)


Con el tiempo, fueron impregnándose del arte y el pensamiento islámico hasta alcanzar unas formas que podemos encontrar fácilmente en lo que más tarde sería el Al-Ándalus.



LA TIPOLOGÍA EN ASIA MENOR


No muy lejos, los jónicos, más cautos, desarrollaron una tipología de casa cerrada al exterior y abierta hacia el patio, una estrategia que cumplía a su vez una función defensiva y dotaba la vida interior de cierta privacidad. Fue en la Grecia asiática dónde parece que empezó la gresca constructiva. Tras recuperar Asia Menor del dominio persa, Alejandro Magno apoyó la reconstrucción de la ciudad de Priene (en su sentido más literal, pues la ciudad ya existía pero se ubicaba en otro emplazamiento) con el fin de convertirla en una ciudad modelo bajo los nuevos principios urbanísticos de Hipodamo de Mileto. La nueva Priene se encontraba a los pies del monte Mykale, entre Esmirna y Mileto, actualmente parte de la península Anatólica.

Esta ciudad modelo probablemente bebía de la formación aristótelica de Alejandro y, como tal, aspiraba a la igualdad entre hombres libres (que no mujeres) a partir de una distribución urbana reticular con parcelas y casas de iguales dimensiones. El padre de este sistema reticular fue Hipodamo de Mileto, a quien se le atribuye el título de padre de la planificación urbana. Fue además un fiel defensor de la igualdad social, oponiéndose a los modelos de gobierno oligárquicos y tiranos que fomentaban las desigualdades en la sociedad. Esta relación entre arquitectura y política es la base sobre la que se construye el pensamiento urbano y es algo que no deberíamos perder en la construcción de las ciudades presentes y futuras. La arquitectura no puede ni debería entenderse sin la política. Al fin y al cabo, el hombre es, como apuntó Aristóteles, un animal político.

La igualdad urbana se vio truncada con la llegada de la influencia Helenística (el período que empieza tras la muerte de Alejandro Magno), cuando las casas originales - las llamadas Prostas - se ampliaron y modificaron para incorporar un peristilo, un patio porticado, cuyas dimensiones eran un reflejo del poder económico del propietario. Esto supuso el fin de la vivienda igualitaria para los ciudadanos de Priene, ya que sólo las familias adineradas podían permitirse vivir en casas con peristilo. La casa no era ya únicamente un lugar para vivir sino también un centro de poder.


El esplendor de Priene se terminó con el período bizantino pero las bases arquitectónicas y culturales que la caracterizaron tuvieron influencia en las futuras ciudades otomanas, ya fuese en la ordenación urbana en retícula como en la diversidad de espacios de transición abiertos y semi-abiertos en las edificaciones. (Kulözü y Açmaz, 2006)


El mejor ejemplo de la tipología con peristilo de Priene es la casa XXXIII de finales del s.IV - inicios del período helenístico - donde se observa fácilmente esta evolución de la tipología: una composición de volúmenes algo irregular entorno a un patio de planta casi cuadrada dónde se distingue una pieza principal con reminiscencias del antiguo megaron, con sus dos antas enmarcando las dos columnas que anteceden al vestíbulo y su correspondiente naos. El resto de piezas terminan de formar los tres lados del pórtico un poco como a trompicones, dónde la galeria lateral de acceso funciona como una extensión del mismo patio.

Antes de irme a los romanos no puedo evitar volver un instante a las ansias de conquista de Alejandro Magno, al inicio de esta cadena expansiva que fue hilando las regiones costeras del Mediterráneo a fuerza de batallas y sentando así las bases para una manera de vivir, pensar y construir con más nexos de los que creemos. Educado bajo el pensamiento de Aristóteles, su maestro en sus primeros años, extendió la civilización griega a partir de la fundación de nuevas ciudades (las polis) bajo los principios sobre los que se había formado. Llegó hasta la India, lugar dónde, según los arqueólogos, la tipología de la casa-patio ya llevaba un tiempo instaurada. Podríamos seguir esta cadena durante horas y probablemente terminaríamos en algún tipo de asentamiento vernacular de la China como las cuevas de Shanxi, los tulous o los asentamientos enterrados de Hunnon. Pero ahí llegaremos otro día y desde el otro lado.


PRIMERAS MANIFESTACIONES EN EL MEDITERRÁNEO


Los griegos perfeccionaron la técnica del patio y fueron ampliando y sectorizando la tipología hasta añadir un segundo patio porticado. En uno de sus diez libros, Vitruvio habla sobre esta tipología de casa griega más evolucionada, en la que el primer patio se destina a las funciones públicas y el segundo es de carácter privado. Esta casa, de mayores dimensiones, incluye una mayor sectorización por géneros, disponiendo de una estancia exclusiva para las mujeres, el gineceo. El equivalente masculino era el Andron.


Pero fueron los romanos los que terminaron de dominar la tipología, añadiendo un sistema de recogida de aguas pluviales (impluvium) y haciendo del segundo patio un espacio ajardinado porticado. Esta combinación de elementos naturales - agua y vegetación - será una de las constantes en la evolución del patio. La tipología de la casa pompeiana refleja la transición y el cruce de influencias de la casa griega a la domus romana.


Las llamadas domus romanas solían ser casas de una planta, entre medianeras, que se disponían en hileras formando una manzana o insulae. (Capitel, 2005) Esta organización ortogonal era el patrón sobre el que se organizaba la trama urbana de las ciudades romanas y lo que facilitó la exportación de un sistema relativamente simple a todos los rincones del imperio.


Si tomamos por ejemplo la ciudad de Pompeya, en la planta de la casa del Fauno (s.II dC) observamos claramente la transición de la tipología griega a la posterior casa etrusca. Hasta la llegada de los samnitas - unas tribus itálicas procedentes del centro de la península- la zona de Nápoles (parte de la antigua Magna Grecia) estuvo dominada por la influencia helénica y, a raíz de las invasiones itálicas, la arquitectura de la ciudad alcanzó su momento de mayor esplendor gracias a la fusión de influencias.

El resultado de esta unión será la casa-atrio-peristilo. Aunque la del Fauno sea un caso particular, pues es la unión de dos casas y por lo tanto presenta una duplicidad de espacios, permite distinguir claramente los dos patios y la jerarquía de espacios alrededor de estos. Entre ambos patios, hay dos piezas de especial interés que se repiten en el formato de la domus romana.


Una es el triclinium, una sala con divanes destinada a banquetes y actos sociales que los etruscos habían heredado de los griegos. La otra era el tablinum, la estancia del pater familias desde la que gestionaba los negocios familiares y que se situaba entre el atrio (el primer patio de carácter más público) y el peristilo (el jardín). Para evitar la circulación hacia el patio por el tablinum se colocaban cortinas o celosías, dejando uno o dos corredores laterales (andron) para acceder al jardín.



Cabe apuntar que la tipología primitiva de casa etrusca ya incorporaba una especie de abertura central que permitía la evacuación de humos y una distribución axial de las diferentes piezas.


Sea como fuere, la rápida expansión del imperio romano facilitó la difusión de la tipología de la casa-patio alrededor del Mediterráneo, dónde el clima cálido y temperado permitían una mejor adaptación.

Todo sea dicho de paso, trazar el recorrido de una tipología en ese período no es una tarea nada directa. Los constantes viajes y cambios políticos hacían que hubiese mucho movimiento entre la parte oriental y la occidental del Mediterráneo, generando trasfusiones constantes de conocimientos de oriente a occidente. Sin tener en cuenta la mezcla de tradiciones y culturas que convivían alrededor del imperio.


Por ejemplo, en la que fue Cartago Nova (actual Cartagena) se encuentran las ruinas de la Domus de Salvius, del s.I dC, dónde se puede apreciar la misma estructura de patios y estancias. Pero, sobretodo, en la que volvemos a encontrar el elemento del agua y la pieza de la cisterna junto al estanque.



INFLUENCIA DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA


Al otro lado del mar, el islam iba tomando forma y dando lugar a diferentes movimientos. Uno de estos fue el de los almorávides, una dinastía magrebí de berberes procedentes de la zona del Sáhara occidental, un mundo alejado de la romanización propia del Mediterráneo. Estos unificaron los territorios cercanos a Marruecos y llegaron al sur de la península ibérica en el 1086, dónde los sarracenos (musulmanes) ya vivían desde su llegada en el siglo VIII bajo el califato omeya, sucediendo a las anteriores tribus visigodas, ya romanizadas.


A su paso, los almorávides fundaron la que sería su capital, Marruecos, que a lo largo de los años recibiría estímulos culturales y arquitectónicos procedentes de diferentes regiones. A pesar de ello, la base que a día de hoy sigue caracterizando la medina se mantuvo constante; los riads (jardín en árabe) serían la tipología de casa habitual de las familias acomodadas. Como respuesta a las condiciones climáticas, la organización de la ciudad se asemeja a la de una fortaleza con calles muy estrechas y patios profundos para protegerse de la radiación solar y el viento cálido.

A día de hoy resulta complicado - si no imposible - encontrar un riad original de la época almorávide. A raíz de la globalización, en el siglo XX los franceses vieron una oportunidad de negocio y empezaron a comprar riads abandonados para convertirlos en restaurantes y hoteles para occidentales. Siempre hay una doble mirada, ya que la operación especulativa salvó a la medina de la situación precaria en la que se encontraba, aunque abriendo las puertas a una homogeneización que no hace justicia a su riqueza cultural. Los riads actuales, por lo tanto, deben entenderse como una reinterpretación del formato original y no como una restauración.



LA TIPOLOGÍA DEL RIAD MARROQUÍ


La estructura básica de un riad es la de un jardín interior (si no tiene vegetación toma el nombre de Daar) alrededor del cuál se organizan las diferentes estancias, normalmente en dos o más plantas.

Es habitual que tres de los lados del jardín estén formados por estancias y el cuarto esté abierto al patio, siendo una extensión de éste. Junto con la vegetación, el uso de fuentes y estanques permite refrescar el ambiente y aliviar los efectos de las altas temperaturas.


En las diferentes plantas, además, aparecen celosías y velos para dar una mayor privacidad y protección de la luz. La tipología se completa con la terraza superior en la que suele haber otro jardín rodeado por muros altos, también por privacidad.


Esta sucesión de elementos y estancias es un reflejo de la mentalidad islámica, que concebía la casa como un lugar de paz y tranquilidad protegido de los ojos externos. Una arquitectura intencionadamente celosa de su privacidad.


Tras la conquista, los almorávides enviaron artesanos de la península a Marruecos, abriendo una vía para el intercambio cultural y artístico, lo que hace que muchos riads remitan formal y visualmente al patio andalusí.


LA CASA-PATIO EN EL AL-ÁNDALUS


Cuando los almorávides fueron perdiendo fuerza, les reemplazaron los almohades, también bereberes procedentes de Marruecos. Estos últimos llegaron a la península en el 1145 e intentaron unificar los reinos Taifas. Algo más drásticos que los anteriores, buscaron la unión de la fe islámica y se opusieron con más rotundidad a los cristianos.


En la batalla de las Navas de Tolosa del 1212 los cristianos derrotaron a los almohades, punto culminante de la Reconquista, y cogieron las riendas del Al-Ándalus. Todo este escueto repaso histórico para llegar por fin a la arquitectura nazarí.


Durante el reinado nazarí (1238 - 1492), Granada, última ciudad musulmana en caer ante los cristianos, vivió su época de mayor esplendor en la que la economía prosperó y se desarrolló el arte nazarí, del cuál la Alhambra es su quintaesencia.


Fruto de la mezcla entre la arquitectura romana preexistente y la influencia árabe se sentaron las bases para lo que más adelante sería la casa-patio mediterránea. Considerada una de las soluciones de arquitectura eficiente principales, la casa pone en práctica soluciones constructivas que permiten protegerse de la radiación, aprovechar al máximo la inercia térmica, beneficiarse de la ventilación cruzada y almacenar aire frío durante la noche para luego refrescar el resto de las estancias.


Un buen ejemplo de este formato de casa-patio andaluza se puede encontrar en las casas con patio en Sevilla, primera capital del Al-Ándalus antes de la reconquista.


EL PATIO EN LA ARQUITECTURA NAZARÍ


Pero es en Granada dónde la mezcla de influencias es más patente, concentrándose en el barrio del Albaicín, dónde termina este recorrido.

Así como en la casa XXXIII de Priene habíamos visto la transformación de la tipología hacia el peristilo por la llegada de nuevas influencias y en la casa del Fauno la formación de una domus a partir de la unión de dos casas anteriores, las casas nazaríes son también un ejemplo particular que responde a un contexto político.

Como muchas otras, la Casa de Zafra fue construída en el s.XIV como casa de una sola planta pero a medida que avanzaba la conquista cristiana, la ciudad tuvo que acoger a los musulmanes que huían de los reinos colindantes. Como consecuencia del aumento de población, el barrio del Albaicín afrontó la sobredensificación con la ampliación de las casas existentes.

La planta de la casa de Zafra responde a la tipología habitual de las casas nobles nazaríes y permite encontrar las similitudes con sus antecesoras. El patio es de planta rectangular, con dos estancias alargadas situadas en los extremos más cortos y un lateral abierto al patio por un doble pórtico. En el centro se encuentra el estanque y una fuente de mármol en un extremo, herencia de los jardines con peristilo romanos pero también de los riad marroquís.

En el siglo XV la casa se amplió añadiendo una planta e incorporando dos crujías al lado mayor. Las fachadas del patio son un reflejo de la macla de estilos y reformas que ha sufrido la casa a lo largo de los años y es en la ornamentación y en los detalles constructivos de las columnas y los arcos que la historia de la casa coge presencia.


Un caso aún más evidente de esta mezcla de estilos y ampliaciones es el de la Casa Morisca o Casa del Horno del Oro, también ampliada con una planta extra en el siglo XVI.


Su particularidad es la galería de la planta superior, en la que convergen partes de la estructura nazarí con una galería con balaustrada de ladrillo de época gótica y una imponente armadura mudéjar. Como sus hermanas marroquís, la casa original estaba cerrada al exterior en su fachada, orientando todas las aberturas hacia el patio y, con ellas, el centro de la vida familiar.


Para terminar, y a pesar de que para este estudio el ejemplo se escapa de la escala y el ámbito doméstico, cabe al menos mencionar la importancia de los patios en los palacios nazaríes de La Alhambra. En particular, la estructura analizada hasta ahora se puede encontrar en el patio de Los Arrayanes, perteneciente al Palacio de Comares.


Aunque de mayores dimensiones, se trata de un patio rectangular con una gran alberca de 34 metros de largo rodeada de vegetación (los arrayanes) alrededor del cuál se organizan las principales estancias. La superficie porticada, en este caso, se limita a los lados mayores a partir de unos arcos que generan dos galerías. En los laterales mayores, de superficie lisa y con acceso al patio a través de puertas, se encontraban las habitaciones destinadas a las mujeres, una sectorización de géneros que ya existían en las primeras tipologías analizadas.


Fue precisamente en la Alhambra dónde hace un par de años empecé a pensar en los nexos que hay entre culturas aparentemente tan distantes. Cuando visité Granada llevaba conmigo una copia de Los ojos de la piel de Juhani Pallasmaa. A medida que me adentraba en la arquitectura nazarí no podía dejar de darle vueltas a esto que él llamaba la arquitectura de los sentidos, algo que a pesar del paso del tiempo parecía haber impregnado cada rincón de la ciudad antigua.

La idea inicial de este pequeño estudio nace de ese viaje por una arquitectura, a mi parecer, algo olvidada en esta parte de la península. Con el objetivo de acotar el ámbito de estudio, se ha seguido la evolución de la casa-patio alrededor del Mediterráneo hasta la adaptación de las tipologías existentes en el antiguo Al-Ándalus, lo que deja la puerta abierta a una futura incursión en el patio mediterráneo de la arquitectura posterior y la reinterpretación de éste en las formas de la modernidad.


Esta voluntad de estudiar las formas tradicionales responde a su vez a un interés, casi a una necesidad, de reivindicar la arquitectura tradicional como una de las más eficientes y respetuosas con el medio ambiente, algo que se ha ido dejando al margen en el último siglo a medida que la industria desarrollaba mecanismos artificiales de confort lumínico y térmico, siempre a costa de algo o de alguien.


Hay, además, un deseo de diseccionar el aspecto formal de una tipología que, a lo largo de los siglos, ha ido configurando una suerte de trama urbana común propiamente mediterránea. En este retorno a nuestras raíces es probable que encontremos las claves para un futuro mejor.